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El sindicalismo y Guayana

El uso de bandas armadas, con la venia del gobierno y su partido, para intimidar y tratar de impedir que los trabajadores ejerzan el derecho a protestar, es mucho peor que las prácticas de las llamadas “mafias sindicales”


Por: León Arismendi

Tal vez porque lo haya oído decir en la escuela primaria, asocio la creación de las empresas de Guayana con el inicio de un desarrollo industrial tendente a diversificar nuestra economía y hacerla menos dependiente del petróleo.

Alcasa, Venalum, Sidor; eran emblemas de una nación pujante que proyectaba progreso. Una enorme cantidad de trabajadores, provenientes de los diversos rincones del país, acoplaban sus vidas a turnos rotativos y le marcaban nuevos hábitos a la dinámica de las poblaciones ubicadas al sur del padre Orinoco.

Por razones obvias, la discusión de los problemas laborales se hizo parte de la cotidianidad: en las paradas de autobuses, en los portones de las fábricas y en cuanto lugar fuere propicio, el reparto de volantes y periodiquitos alusivos a los reclamos de los trabajadores era incesante.

Cualquier partido o movimiento político que se preciara de ser tal debía tener presencia y dirigentes capaces de hacerse oír en aquellos escenarios. Para quienes, como yo, se habían hecho fieles del catecismo marxista-leninista, Guayana era un símbolo mítico, la cuna del nuevo proletariado. Acercarse a los portones de Sidor era constatar que el socialismo estaba cerca.

A Guayana se mudaron, entre otros, Teodoro Petkoff y Alfredo Maneiro, a procurar darle impulso a sus organizaciones (el MAS y la Causa R, respectivamente) en el movimiento obrero. Ganar las elecciones del sindicato siderúrgico (Sutiss) era un reto insoslayable.

Las denuncias sobre corrupción, falta de representatividad y democracia, que se le imputaban al sindicalismo cetevista, tuvieron en Guayana más eco que en otras partes. El triunfo de los “Matanceros” en Sutiss, encabezados por Andrés Velásquez y Tello Benítez, se gestó en ese contexto y generó grandes expectativas en torno a la posibilidad de consolidar una referencia sindical de nuevo tipo.

El modo brutal como el buro sindical de AD trató de aniquilar aquel movimiento produjo el efecto contrario: Luego de la intervención de Sutiss, el Nuevo Sindicalismo se convirtió en un movimiento nacional y AD vio languidecer cualquier posibilidad de volver a dirigir a los siderúrgicos.

Unos cuantos años han transcurrido desde entonces; aún no ha logrado consolidarse una nueva fuerza sindical que sintetice y le dé coherencia a la lucha de los trabajadores, pero el talante contestatario y democrático del movimiento sindical de Guayana, en particular el de las empresas estatales, sigue siendo un dato de la realidad.

Quizás eso explique sus simpatías iníciales con el chavismo y también su actual reacción ante la constatación de la estafa que está en curso, es decir, un gobierno autoritario y pirata, empecinado en acabar con lo que queda de las empresas de Guayana, a la par de liquidar al sindicalismo autónomo, democrático y libre.

El uso de bandas armadas, con la venia del gobierno y su partido, para intimidar y tratar de impedir que los trabajadores ejerzan el derecho a protestar, es mucho peor que las prácticas de las llamadas “mafias sindicales” y la negación flagrante de cualquier idea revolucionaria.

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