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EDUCACIÓN Y PRODUCTIVIDAD/ La productividad en las empresas básicas

Columna de José M. Fernández (Chema) en el Correo del Caroni

La productividad y la solidaridad son dos principios complementarios (no excluyentes como pretenden hacerlo ver quienes hablan de dos modelos, capitalismo vs socialismo) del régimen socioeconómico de la República Bolivariana de Venezuela (Art. 299). Cuando el presidente Chávez comenzó a definir su revolución como socialista y anticapitalista, la productividad ha sido omitida o menospreciada en los discursos, leyes y consignas de los personeros del régimen por considerar que la misma se corresponde con un pensamiento mercantilista. Esa orientación ha incidido en los resultados de las empresas “socialistas” de Guayana.

La cultura de la productividad emergió fuertemente en la economía mundial mediante la introducción del paradigma de la calidad, que establecía como principio la optimización de insumos y procesos para obtener los mejores productos al menor costo posible. Para ello, era necesario hacer mediciones de la producción a fin de establecer mejoras continuas en todos los procesos.

Pero ¿qué es la productividad? Es un cociente entre un bien y los insumos necesarios para producirlo como materia prima, trabajo, tiempo. En este escrito, nos referiremos únicamente a la productividad laboral entendida como la relación entre producción y personal.
Es un indicador sencillo que nos permite contrastar diferentes mediciones en el tiempo y así, compararla con índices de productividad de otros lugares. De la productividad y su justa distribución depende la calidad de vida de los trabajadores.

En un artículo anterior afirmaba que conseguir datos oficiales de la nómina de las empresas del Estado es misión imposible. Me voy a atrever a ofrecer números de cantidad de personal que expresan los dirigentes sindicales, aun a sabiendas que son datos aproximados.
Agradecería una confirmación o corrección oficial a los mismos.

1. La capacidad instalada de las industrias básicas de Guayana no ha crecido en esta década.

Asumiendo que en el año 2000 éstas tenían una fuerza laboral, por lo menos suficiente para alcanzar dicho nivel de producción, el personal de Ferrominera pasó de 3.200 trabajadores en ese año a 7.500 en 2010. (Habría que descontar los trabajadores incorporados de Topca); Alcasa de 2.386 a 3.600; Venalum de 2.886 a 4.350; Bauxilum-Puerto Ordaz de 1.502 a 1.950; Carbonorca de 320 a 643; Edelca de 3.427 a 6.097 (se incorporó en esta década la producción de Caruachi) y CVG casa matriz de 2.347 a 3.000. Solamente en estas empresas el aumento de nómina, prácticamente improductiva, fue de 11.072 trabajadores.

2. Con el objeto de ofrecer una visión más clara de la grave situación por la que atraviesan las industrias de Guayana he elaborado el siguiente cuadro con datos propios y con información obtenida de informes de empresas de acero y aluminio brasileñas y del libro de Jóvito Martínez (2005) “La nacionalización del Hierro en Venezuela” sobre la productividad laboral de las empresas.

Comparando las columnas 1 y 2 observamos que el índice de productividad descendió en todas las industrias en pocos años a menos de la mitad. Aunque parezca ilógico, este declive en caída libre ocurrió por la confluencia de los dos factores: disminución de la producción y simultáneamente aumento del personal.

Analizando la relación entre las columnas 2 y 3 concluiremos que la distancia de los índices de productividad entre industrias de Brasil y Venezuela es asombrosa. Cerca de nosotros, en las riberas del río Amazonas funcionan tres empresas de la cadena del aluminio gemelas a las nuestras: Mineracao Rio do Norte con 1.283 trabajadores extrae 18 millones de TM. de bauxita; Alunorte procesa 6 millones de TM. de alúmina con 2.500 trabajadores y Albras produce 453.000 TM de aluminio con 1357 trabajadores. Comparemos producción y personal con las nuestras. Bauxilum mina con 1.100 trabajadores extrajo en 2010, 2.800.000 TM de bauxita; Bauxilum Puerto Ordaz con 1.950 trabajadores procesó 1.243.000 TM. de alúmina y Venalum con 4.350 trabajadores produjo 260.000 TM de aluminio.

Ante esta dramática situación de caída de la productividad no son de extrañar las declaraciones de los presidentes de las empresas afirmando que los ingresos no logran cubrir ni siquiera los compromisos contractuales y tienen que recurrir a la solicitud de puntos de cuenta al Presidente de la República cada vez que los trabajadores reclaman el pago de pasivos laborales.

Lo que quiero señalar de forma categórica con este análisis es que la fuente de nuevos empleos, que significó la industria básica de Guayana, hace tiempo que se agotó y es de vida o muerte para la ciudad generar nuevos yacimientos de trabajo productivo, no en la construcción de más industrias de producción primaria sino, con la creación de muchas empresas transformadoras, de tecnología y servicios, medianas y pequeñas, que surjan, como lo expresa el Art. 299, del acuerdo del Estado conjuntamente con el espíritu emprendedor de los guayaneses.

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